Septiembre es como una bofetada. Para todos, menos para quienes pueden irse tan grato mes de vacaciones. Todo es más barato, hay menos gente y el clima es más suave. Los demás vemos como, irremediablemente, la realidad nos absorbe, por mucho que nos empeñemos en sustituir los cortados de media mañana por coca-colas y pretendamos dedicar las tardes a remojarnos. De eso nada. Se acabó lo que se daba, querámoslo o no. Al bolsillo de los padres de familia septiembre les duele. No sacaré cuentas porque la mayoría de ustedes saben de qué les hablo. Los hoteles, sin embargo, ponen ante nuestros ojos ofertas difícilmente rechazables, queriendo quizás recuperar algo de lo que la dichosa crisis se ha llevado. Y claro, en ese empeño por prolongar todo lo posible el verano, sacamos cuentas mentales y, posiblemente, nos demos una última escapadita a nuestro Sur, que no está nada mal. Este año septiembre, en Tenerife, viene con regalo. Y regalo refrescante y veraniego, mira tú por donde. Como si alguien hubiese querido apiadarse de nosotros y nos brindase la oportunidad de disfrutar un poco más, de hacernos a la idea de que no termina nada, de que estamos en el mejor momento. Y es que, poner a nuestra disposición uno de los mayores parques acuáticos del Mundo, con la más grande variedad de atracciones que se conoce, todo ello envuelto en una atmósfera que nos traslada al más exótico de los destinos… ¡Qué quieren que les diga! A mí me parece un regalo. La inauguración del fantástico Siam Park, el nuevo y asombroso parque de Wofgang Kiessling, con su hijo Cristoph al frente, es, sin duda, el gran acontecimiento del verano 2008. El resultado final |
 es un secreto para casi todos, pero muchos tuvimos la suerte de visitar sus instalaciones cuando las obras ya estaban muy avanzadas. Créanme. Situarse justo en el inicio de la impresionante torre que preside el parque y mirar hacia abajo es una de las experiencias más escalofriantes que he tenido en la vida. Y lo de los cocodrilos al final del tobogán es lo de menos. El problema está en superar los primeros metros de caída sin perder el sentido. Yo no pienso probarlo, pero sí que me apuntaré al río rápido y a los toboganes de esos, de los de toda la vida. A los más atrevidos, ¡enhorabuena y a por ellos! Una cosa está clara: de los padres de Loro Parque sólo pueden venir cosas buenas, así que nuestra primera felicitación es para ellos, junto con nuestron agradecimiento y, la segunda, para nosotros, los tinerfeños que, a partir de ahora, contamos con un reclamo más en nuestra Isla. Si me perdonan, he de ir buscando un bañador apropiado para el debut, porque no quiero perder medio biquini en uno de esos neumáticos gigantes, que esto es una isla, y después todo se sabe. ¡Nos vemos en Siam Park! |