La famosa granja en África
Ella tenía una granja en África… ¡Así cualquiera! Yo puedo tener una finca en Güímar y, por mucho que cuente, no enganchar como lo hacía Karen Blixen. También es verdad que no es lo mismo tener dos cabras, una jaula de conejos y unas cuantas gallinas ponedoras que una sabana llena de leones y elefantes (y un negro que te abanique). Pero bueno, el que se sabe enrollar le saca partido hasta a un enjambre de abejas. Como una prima de mi padre, que escribía cuentos infantiles basados en la vida de toda suerte de bichos. Cómo sería de graciosa, que el Estado sueco le regaló una isla de unos catorce kilómetros de largo.
Una vez (no influenciada por sus cuentos precisamente, porque me los enviaba en sueco y no los entendía), aburrida por las extrañas fiebres que me retuvieron en casa casi un mes, me dio por estudiar el comportamiento de las hormigas que, a la sazón, habitaban en la terraza a cientos. Escachaba una y ¡a esperar la reacción de las otras! ¡Qué organización! Me daba una pena tremenda pero, así y todo, a veces me veía obligada a escachar dos, una en un punto y la otra en el lado opuesto, para que se repartieran el trabajo. Por mucho que pegaba la oreja, no las oía. ¡Tendría que ser interesantísimo escucharlas renegar en formiqueo! Los colegios deberían tener clases de Ciencias Naturales de este tipo. Cuando mi sobrino fue a estudiar Biológicas a U.S.A. a cada uno le daban un bicho para que lo seccionara y lo estudiara. ¿Y aquí qué? ¡Cómo si no hubiera suficientes lagartos y moscas cojoneras! ¿Qué pasa, que nos da pena?
Recuerdo la primera vez que vi un percebe. Mi futuro suegro, que me invita a comer. En una milésima de segundo pensé“ esto me lo hace a posta”. Segundo plato, caracoles, macho. ¡Nuca pensé que esos bichos se comieran, sólo sabía del placer de pisarlos. Tercer plato, ¡criadillas! Ahí me mosqueé… Así y todo, pasé la prueba y acabé siendo una forofa del primer plato, del segundo y… del tercero, me lo callo.
Me acabo de enterar de que Sandra José Kober nació en Lisboa, Portugal, de padre portugués y madre lituana. Sus abuelos maternos se establecieron con su pequeña, nacida en Francia, en África, concretamente en Angola. ¿A montar una granja? Seguro. Allí se conocieron los padres de Sandra. Al morir el padre, se vinieron a Tenerife. Ella estudió Agricultura en Alemania pero luego se estableció aquí, en la Abejera, en los altos de La Orotava, combinando el cultivo de toda clase de verduras con el trabajo de guía turística muy singular, organizando rutas muy atractivas. África, abejera… todo recuerda al texto anterior. ¡Pura casualidad! |

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