Llama la atención allí donde va. Sus curvas, sus preciosos ojos y su boca espectacular atrapan miradas. Y lo hacen desde hace ya mucho tiempo. Con doce años se presentó a reina de las fiestas de Valle Guerra. Con trece vivía sin su familia en Santa Cruz, trabajando con una agencia de modelos, realizando catálogos y campañas publicitarias. ¿Cómo? Gracias a un físico que no correspondía con su edad y a causa de una serie de circunstancias personales que la llevaron a comenzar a trabajar siendo solamente una niña.
Su espíritu inquieto hizo que, con quince años, diese sus primeros pasos en televisión, como azafata de un programa. Luego fue haciendo otras cosas en diferentes televisiones de la Isla, tanto delante como detrás de las cámaras. Los contactos que hizo entonces le dieron la oportunidad de grabar un disco, pero pronto tuvo que dejar la música por un problema de garganta. Mientras, continuaba con su trabajo como modelo, estudiaba esteticién y quiromasaje y se iba formando con diversos cursos en otras materias. |
Su historia no es habitual. Las niñas no suelen correr tanto. Pero lo verdaderamente asombroso de Cler es que no se perdió por el camino.
Asegura que siempre fue muy cobarde y que por eso se mantuvo alejada de todo lo que le parecía peligroso. Más que cobardía parece inteligencia y madurez.
Cler es la sexta de ocho hermanos, a los que adora. Se crió subida en los árboles de la finca de su abuela, comiendo fruta, a la que sigue siendo una gran aficionada. Ha intentado practicar algunos deportes, pero lo que de verdad le gusta es patinar y, sobre todo, bailar. Ha hecho ballet clásico, jazz y baile latino. Ahora es la gerente del restaurante Indiko, una experiencia nueva de la que está aprendiendo muchísimo. En el futuro quiere tener su propia empresa, quizás relacionada con la producción audiovisual, pero aún no lo tiene claro. Lo que sí sabe es que quiere montarla aquí, en Tenerife. Le gusta su Isla y como se vive en ella. Dice haber aprendido en sus viajes que, aunque fuera haya más oportunidades, también hay más competencia y que el canario no sabe valorar lo que tiene.
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