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Pas de Deux ANA / ESTEFANÍA MARTÍN
Me he enterado esta mañana de que mi banco tiene una alianza con el Banco Noséqué de Escocia. Debo decir que no me ha extrañado lo más mínimo, como no me extrañaría nada si por fuera pusieran una placa que dijera que su principal mentor es el Banco Regional de Cataluña o que en su Consejo de Administración están representados al menos veinte descendientes de fenicios. Parece que un señor llamado Gotthold Ephraim Lessing dijo que “prestar con usura no es gran cosa menos que robar”.

Este señor no está representado en el Consejo de Administración de mi banco, si bien a mí me habría hecho una ilusión enorme verlo sentado entre golf...istas. Mi banco lleva años anunciando en bonitos spots de la tele que no cobra interés a sus clientes. Y me encantaría que, en aras de ceñirse a la realidad, mientras se ve el anuncio, por debajo corrieran unas letras fluorescentes que dijeran: “Excepto a la señora Martín, a la que cada mes le zumbamos una comisión para que esté siempre pendiente de si le expoliamos lo que tanto le cuesta ganar”.
Mi banco también dice que yo, su ingenua esclava, soy lo más importante. Seguramente porque le avergüenza decir que lo importante son mi nómina y mi hipoteca, ya que sin ellas yo, seguramente, no sería española ni figuraría en ningún fichero, que es lo peor que puede pasarle a un ser humano e, incluso, a un ser sin humanidad.
A veces pienso que si yo fuera lo más importante para mi banco, sus empleados me atenderían con cortesía y no me devolverían recibos arbitrariamente cuando hay dinero en mi cuenta. Pero es que, como bien saben en mi banco, yo soy muy malpensada y muy tiquismiquis.
Cada vez que, llegadas las vacaciones, veo al principal accionista de mi banco enseñar sus carnes fofas bajo el sol en la cubierta de su yate me dan ganas de empujarlo en alta mar, romperle dos costillas y robarle la cartera, por ese orden. Pero enseguida lucho contra mi naturaleza y pido perdón a Dios por mi maldad, no sea que vayan a dispararse los tipos de interés…
A fuego lento MARIBEL ANDIÓN
Más de lo mismo
El juez del Olmo le ha hecho un flaco favor a los Príncipes de Asturias. La orden de retirar de los puntos de distribución el número 1.573 de El Jueves por un delito de injurias a la Corona, sólo consiguió avivar el interés por regodearse con el chiste (seguramente, el más visionado en la historia del humor gráfico) que lucía la portada de esta revista que se publica los miércoles. Lo mejor es pasar desapercibido, así que la Fiscalía bien pudo haberse estado calladita y no dar pábulo a su celo profesional y al curioseo de un pueblo que, endeble, traga las continuas groserías que cada vez más sirven en bandeja los medios de comunicación. La posturita que esgrimían las caricaturas de Felipe y Leticia se ha erigido en protagonista de un capítulo más de la España creciente del cutrerío, con el aliño del debate en boga de República o Monarquía: el perfecto fermento para tertulianos y voceros mediáticos de la bazofia. El cántaro ya está harto de ir a la fuente y es normal que desbordados de la impudicia y procacidad que muestran muchas empresas informativas de los mundos de la farándula, del famoseo o de la prostitución, haya ocasiones en que se traspase la frágil frontera de la libertad de expresión.
Pero no se atisba un proceso de reflexión a gran escala. La profesión periodística atiende hoy en día, en general, más al beneficio económico, al interés partidista y al entretenimiento fácil, que al afán de servicio, información y formación. Ante esto, la pareja principesca ha sido víctima involuntaria del caldo de cultivo que bulle en el escenario de lo público; y cuyo honor, por eso de representar a una alta institución del Estado, se quiso restaurar con una inusual y contestada medida judicial que tuvo pocos resultados para el bien común. Insisto, sólo sirvió para difundir a los cuatro vientos una ilustración satírica que cayó en el mal gusto. Más de lo mismo.
 
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