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Me he enterado esta mañana de que mi banco tiene una alianza con el Banco Noséqué de Escocia. Debo decir que no me ha extrañado lo más mínimo, como no me extrañaría nada si por fuera pusieran una placa que dijera que su principal mentor es el Banco Regional de Cataluña o que en su Consejo de Administración están representados al menos veinte descendientes de fenicios. Parece que un señor llamado Gotthold Ephraim Lessing dijo que “prestar con usura no es gran cosa menos que robar”.
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Este señor no está representado en el Consejo de Administración de mi banco, si bien a mí me habría hecho una ilusión enorme verlo sentado entre golf...istas. Mi banco lleva años anunciando en bonitos spots de la tele que no cobra interés a sus clientes. Y me encantaría que, en aras de ceñirse a la realidad, mientras se ve el anuncio, por debajo corrieran unas letras fluorescentes que dijeran: “Excepto a la señora Martín, a la que cada mes le zumbamos una comisión para que esté siempre pendiente de si le expoliamos lo que tanto le cuesta ganar”.
Mi banco también dice que yo, su ingenua esclava, soy lo más importante. Seguramente porque le avergüenza decir que lo importante son mi nómina y mi hipoteca, ya que sin ellas yo, seguramente, no sería española ni figuraría en ningún fichero, que es lo peor que puede pasarle a un ser humano e, incluso, a un ser sin humanidad.
A veces pienso que si yo fuera lo más importante para mi banco, sus empleados me atenderían con cortesía y no me devolverían recibos arbitrariamente cuando hay dinero en mi cuenta. Pero es que, como bien saben en mi banco, yo soy muy malpensada y muy tiquismiquis.
Cada vez que, llegadas las vacaciones, veo al principal accionista de mi banco enseñar sus carnes fofas bajo el sol en la cubierta de su yate me dan ganas de empujarlo en alta mar, romperle dos costillas y robarle la cartera, por ese orden. Pero enseguida lucho contra mi naturaleza y pido perdón a Dios por mi maldad, no sea que vayan a dispararse los tipos de interés…
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