Es una de las ciudades más grandes del Mundo y también, hay que reconocerlo, lo es en estilo. Desde hoteles lustrosos (y lujosos, y lujuriosos ¿será por eso de la samba?), hasta los almacenes más chic y funkys del globo terráqueo. La “nueva york de sudamérica” tiene sin embargo más look y encanto europeo que precisamente americano. Diseñadores estrella internacionales se revoltillan con lo más granado de la facción creativa brasileña y comparten escena con chefs-celebrities y los empresarios más ricos –a pesar de tanta pobreza– del Continente. Nada es comedido en esta influyente urbe del otro lado del Atlántico. Mayo, cuando es ya el final de su verano hemisférico, es una época preciosa para disfrutar de Sao Paulo. El Baretto del más cool de los hoteles de la zona, el Fasano, nos permite ver y ser vistos. Al otro lado de ese mismo elegante barrio paulistano, las 57 habitaciones del hotel Emiliano son la alternativa hip al anterior y nos sorprende con iniciativas como producir sus propios CD’s y tener un DJ residente cada día. Para degustar un simple pero sabroso y arriesgado menú brasileño, el GilBistro nos sorprende con esas mesas hechas de las grandes bobinas eléctricas. Fruit Bank ofrece kits de fruta para combatirlo todo, desde la celulitis hasta la depresión.  Mientras que Clube Chocolate combina última moda con última gastronomía, y sólo aquí podía darse esa mezcla perfecta. Para caer en La tentación, un vuelta por los almacenes Daslu nos hará comprender por qué se han ganado la fama de ofrecer la mejor atención al cliente en el mundo. Por cierto, en esta ciudad reside la mayor comunidad japonesa fuera de Japón. O sea, que JAM Warehouse puede ser el destino perfecto para probar, casi casi, el mejor sushi del Continente.
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Parece increíble que haya comenzado su carrera artística individual en el 2004. ¡Sólo hace tres años!. Pero su estilo, inconfundible desde luego, has trascendido fronteras y a superado los límites entre el arte y el diseño. Así lo han comprendido una lista interminable de clientes tan importantes como Benetton, Adidas, David Gill, Camper o la prestigiosa marca italiana de pavimentos Bisazza. Jaime Hayon brilla ya con luz propia, blanca y ruidosa –como las fallas– en el firmamento creativo mundial, y por ello se codea con los más grandes. No olviden su nombre, retengan su carrera profesional y persigan los resultados de la obra de este joven valenciano (¿También? ¿Les suena Calatrava?) ya universal. Como no se cansa de repetir él mismo, lo que pretende es nada más y nada menos que “mezclar las formas del arte con las aplicaciones industriales”. Puro futuro.
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