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¡Una de oxígeno a la siete!

Aladino concédeme este deseo
Aunque esta práctica está prohibida durante las competiciones porque se considera un dopaje, lo cierto es que la absorción de oxígeno por inhalación o ingestión es muy beneficiosa para la memoria, la concentración y la inmunidad de nuestro organismo. Por ello, y porque muchos famosos la practican como un atributo de su vitalidad (ojo, lean bien, no dice virilidad sino vi-ta-li-dad); se está poniendo de moda eso de ir a por una sesión de oxígeno, sobre todo después de que la Food&Drug Administration de los Estados Unidos y el Ministerio de Sanidad francés la consideren ya un medicamento. Para los que quieran recuperar todo ese aliento perdido, acudan al estiloso Collete Water Bar en París para conseguir una caja de 35 dósis de oxígeno de l’eau d’Ogo. Si prefieren hacerlo en Londres, nada mejor que respirar una de esas bombonas de oxígeno con aroma de menta o eucapilto, firmadas por Ora Ito, y a la venta nada más y nada menos que en Harrods y Selfridges.

La ciudad de los siete santos no es igual a ninguna otra. La ciudad roja es como esas mismas especias que comercializa: afrodisíaca y embrujadora, adictiva y hechicera. Provoca que la piel se estremezca y el corazón palpite. Marrakech es como ninguna otra ciudad árabe, lo bastante auténtica en su esencia como para poder convivir con su otra condición de ciudad estilosa y elegante. Les propongo una jornada hipnótica en ella, comenzando con un delicioso desayuno en la azotea del Riad (si alguien quiere “La” dirección, que me la pida y la daré como un secreto de la cueva de ladrones). Con el estómago lleno bajaremos a las callejuelas de la Medina para acercarnos a la Koutoubia y pasear por los jardines de la Menara. Al medio día, un descanso en la exquisita terraza del Kosy Bar (en la plaza de los Hojalateros) bajo las nubes de vapor de los refrescantes aspersores. Recorramos los puestos de la plaza y allí perdamos un rato en L’Art Marocain, entre antigüedades, regateando el precio de ese objeto que nos ha entusiasmado. Después, ya en el fascinante zoco, el refinado Latif de L’Art Touareg (21 Souk des Teinturiers) nos embaucará, sin duda, y saldremos sonrientes hacia el desorden atesorado en Abril Ali (176 Rahba El Kadima -plaza de las especias-) para comprar esa pieza de bisutería única. Volveremos al Riad (sí, “El” riad), un baño refrescante en la pileta del patio mientras paladeamos el bombaysaphire&tonic; y listos para la cena en Le Marrakchi (junto a la plaza Jamaa El Fna) desde cuya terraza acristalada sucumbiremos a la cocina marroquí mientras contemplamos como los encantadores de serpientes y los vendedores de mandíbulas rodean a los turistas entre la penumbra de los faroles. Luego, para bajar ese delicioso tajine de cordero, tomen una calesa que les lleve a las puertas de uno de los clubes más trendies de este lado del globo, le Comptoir. Sólo una advertencia: ¡cuidado con el harem!… Amanece en la ciudad de las mil y una noches.

Lacado a mano
Ya es oficial: ¡Este verano será vinilo, o no será verano! Vuelve el charol y, desde el prêt-a-porter hasta los accesorios, pasando por el calzado (y sobre todo por éste) el aspecto brillante de todas esas superficies será el faro de esta temporada. De los tradicionales negros a los amarillos sol tan neopops, algo de la fiebre Courrèges y Cardin de los muy sesentas se nos ha pegado. Desde luego, nada de esto es espontáneo, pues estarán de acuerdo conmigo en que esa modernidad, sobre todo ese futurismo, tan seductor todavía transcurridos cuarenta años, es lo que ha hecho que se quiera revivir aquella época a través, precisamente, de su material estrella, el vinilo, tan genial y tan vintage. Otra cosa es que nos arriesguemos con los colores que nos proponen…

Para las lectoras y los lectores que deseen revelar o rebelarse:
charlescros@hotmail.com. No opondré resistencia.
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