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José Francisco, una vida de moda

José tiene seis tiendas de moda en Santa Cruz, pronto abrirá dos más, a las que se sumarán otras dos en Las Palmas, y algunas en otros lugares... La historia comenzó hace treinta años, en Puerto de la Cruz, cuando un joven estudiante llegado de La Palma ahorraba como podía para comprar en las tiendas de un amigo. Y así se fue interesando por esto de la moda y, finalmente, abrió su primera tienda, muy pequeña, en la ciudad turística. Así fueron los comienzos de Jose Francisco Álvarez o, como muchos le conocen, Jose, el de Bounty. "Llegué a esto de casualidad. En la primera tienda trabajé como un loco. Estaba solo. Viajaba a Barcelona el fin de semana en vuelos nocturnos porque el dinero no me llegaba para más. Elegía los productos y los lunes estaba ya a la venta. Guardo unos recuerdos preciosos de esa época". Tuvo claro desde el principio que quería ser diferente. Quería crear una marca propia, que se distinguiese, y cree que lo ha conseguido, que Bounty es un sello diferente, fuerte, innovador, vanguardista, volcado hacia y para los canarios. Hubo una segunda tienda en Puerto de la Cruz y luego el salto a Santa Cruz. Y todas ellas con el mismo nombre, "Ni siquiera en eso el mérito es mío. Me ayudó un amigo. Viene un poco de la película 'Rebelión a bordo' (en el original 'El motín de la Bounty'), y de un barco con ese nombre que vi en una regata. Jose creció profesionalmente y personalmente en Santa Cruz y aquí hizo sus mejores amigos,

"Creo que el hábito no hace al monje, pero ayuda. Y soy consciente de ello"

"En estos momentos creo que soy más chicha que palmero". Se considera afortunado por trabajar en algo que le gusta, por haber podido desarrollar esa vena artística que cree que todo ser humano lleva dentro. Y considera que no se debe perder nunca la humildad y ser conscientes siempre de que una empresa la forman muchas personas y que sin su equipo no serían nadie. "Necesito poder apoyarme en determinadas personas para poder crecer. Ahora hay muchísimas colecciones por año. Hay que poder dejar de lado un poquito la parte económica y dedicarse a seleccionar y buscar y para ello hay que rodearse de gente en la que confiar". El secreto de su éxito está, en gran medida, en fidelizar su clientela y para ello es básico transmitir al cliente la seguridad que él tiene en su trabajo. "La ropa da seguridad.

Mis clientes quieren gastarse el dinero en cosas que necesitan y con las que se sientan bien". Aunque se confiesa poco presumido, sí identifica claramente a su cliente como un hombre, a partir de los dieciocho años, de cualquier poder adquisitivo, pero que quiere ser diferente, al menos diferenciarse un poco del resto. "Creo que el hábito no hace al monje, pero ayuda. Y soy consciente de ello".

Cuando echa el cierre y se marcha a casa no siempre desconecta. "Tienes la tentación de ponerte a ver desfiles en televisión u ojear revistas, pero con los años he aprendido que, para hacer bien un trabajo, hay que saber cambiar. Yo, personalmente, tengo muchos hobbies. Me gusta mucho la jardinería: plantar, regar... Me encanta estar con mi perra, viajar, pasar el tiempo con mis amigos. Doy gracias a Dios por muchísimas cosas y soy muy feliz, pero tengo una carencia: me falta tiempo".

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