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Raquel,
siempre en forma

Raquel Lleó dice practicar ejercicio desde antes de tener uso de razón. Y así es. Con sólo tres añitos ya hacía ballet y gimnasia. Pero fue la adolescencia la que le llevó definitivamente al gimnasio, que se convertiría, desde entonces hasta ahora, en su segundo hogar. A los quince comienza a frecuentar estos lugares de culto al cuerpo como alumna y, más adelante, con veintipocos años, se marcha a Madrid y hace los cursos de Actividades Colectivas, imprescindibles para ejercer como monitor en un gimnasio. Así comienza su andadura profesional, que la ha llevado, tras un periplo que incluye su paso por Alemania, a ser monitora de Actividades Colectrivas (actividades acuáticas, aeróbic, step...) y coordinadora deportiva del gimnasio Body Factory de Santa Cruz. "También estudiaba Derecho, pero poco a poco me fui decantando por el deporte como forma de vida y ha terminado siendo mi profesión. Me faltan tres asignaturas para acabar la carrera y espero sacarlas este año, pero no creo que la ejerza nunca. A mí me gusta mucho lo que hago".
Raquel cree que los gimnasios tienen mucho de clubes sociales, sobre todo los que son grandes y completos, como el Body Factory. "Hay personas que están solas o que tienen un carácter introvertido, que van al gimnasio a buscar compañía, pero la inmensa mayoría practica deporte. Eso sí, después de la clase, alternan y se relacionan. En el gimnasio se hacen amigos, novios... Como en cualquier club social".

"Los gimnasios tienen mucho de clubes sociales. Se hacen amigos, novios..."

Cree que el boom actual de los gimnasios se debe al ansia que existe de conservar la juventud, pero también cree que siempre vamos un paso por detrás de Estados Unidos en lo que a este mundo se refiere. Si se le pregunta si es imprescindible que su pareja sea tan deportista como ella responde que no lo sabe, que cree que sí le gustaría que fuese aficionado al deporte pero que, luego, la realidad siempre se impone y el amor surge en quien menos se espera. Aún así, cree que, en ocasiones, la mujer deportista intimida a los hombres. "No es mi caso porque no estoy demasia-

do musculada, pero tengo compañeras a las que sí les puede pasar". Raquel no sigue una dieta estricta. Cuida su alimentación y evita, sobre todo, los fritos. Y dice entre risas que, aunque ella es más bien tranquila, sus compañeros del gimnasio son unos noveleros y se pasan el día de fiesta en fiesta. Así que, en el caso de los monitores, esa máxima de que la vida del deportista profesional está reñida con el ocio nocturno, no es cierta. Ellos se divierten y les encanta.
En el futuro Raquel se ve haciendo lo mismo que ahora. Le gusta su trabajo y cree que, tal y como están las cosas, mejor no plantearse demasiado lo que está por venir.

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