Franko,
la estética
por vocación
Francisco Javier estaba destinado desde niño a dedicarse al mundo de la estética y la belleza. Su hermana mayor tenía una peluquería en la casa paterna, en Arafo. Siendo un chiquillo comenzó a ayudarla y así se fue haciendo como peluquero. Siempre ha echado de menos el haber tenido una formación académica y por ello, cuando era más joven, pasaba el tiempo leyendo, buscando información y supliendo esa carencia de la mejor forma posible. Gracias a eso ha llegado a saber muchísimo de química, de técnica, de teoría en general. Hijo de canarios emigrados a Venezuela y nacido en aquel país, un buen día decide regresar a la octava isla y permanecer allí una temporada. A los veinticinco años regresa a Tenerife y monta su primera peluquería en Santa Cruz, en un primer piso, junto a su hermana. Y poco a poco el negocio fue creciendo hasta llegar la las dos peluquerías y el estudio que ahora posee. En este último forma profesionales, proporcionándoles los conocimientos que él no pudo tener en su momento. Cree que la proliferación de peluquerías que ha habido en los últimos años hace que se reparta más el pastel, aunque siempre hay algunos nombres más potentes que conservan mejor la clientela. "Lo más lamentable es que muchas de estas personas han pasado por academias, escuelas, pero no tienen la formación del trabajo, de haber pasado por un equipo y, claro, tienen unas carencias tremendas".
La profesión lleva a Franko a tratar con muchos famosos, lo que, para él, es una experiencia interesante y nada agobiante |
La profesión lleva a Franko a tratar con muchos famosos, lo que, para él, es una experiencia interesante y nada agobiante. Dice que así conoce a personas muy diferentes y descubre a quién se esconde detrás del personaje. "El maquillaje es algo muy íntimo y es lo que suelo hacer. Por ejemplo, hace poco estuve acompañando a Paulina Rubio durante toda su visita a Tenerife y encontré un ser humano muy cariñoso y normal. Tenía la expectativa de ver cómo era en realidad y encontré a un ser humano algo especial, pero muy persona. Y eso a veces sorprende.
Continuamente me hacía carantoñas, caricias... pero en cuanto se ponía delante de la cámara se transformaba. Yo creo que muchos famosos interpretan un papel". Otro de los alicientes de la vida de Franko es su hija, una guapa chica de 19
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años que siempre quiso dedicarse al mundo de la moda y ahora ha dado un vuelco radical a su vida. "Ahora es hippy. Se implica en la defensa de los derechos de los animales. Vive en Madrid, estudiando inglés, y, de repente, la veo en la tele, en La noche Hache, echándose sangre sobre los pechos desnudos y cosas así. Está en la edad de hacer esas cosas. Ella tiene el problema de su sordera y, si ya es difícil para una persona sorda leer los labios en su idioma, imagínate en inglés. Pero está en ello. Es muy conceptual, defiende a los animales, lleva una alimentación muy estricta, no usa nada elaborado con piel...".
Lo dice con una enorme sonrisa. Se le nota orgulloso. A la pregunta de qué le hubiese gustado ser si no se hubiese dedicado a la peluquería, no lo duda: "Me hubiese dedicado al vestuario. De hecho, de muy jovencito estuve haciendo mis pinitos, con mis propias ideas. Pero eran otras épocas, no tenía formación y, además, era pueblerino. Al final me fui inclinando por la peluquería, que era lo que tenía más a mano, y me fue bien".
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